Urtubey convoca a los jóvenes salteños a prepararse para el pasado

Urtubey habla en Emprender 2011El gobernador Urtubey pronunció recientemente en Salta uno de los discursos más claros y de contenido más profundo de todos los que se le recuerdan.

Sucedió durante la apertura de unas jornadas destinadas a la formación de jóvenes empresarios "o potenciales emprendedores salteños", según reza el parte oficial del gobierno.

Un repaso superficial a este discurso revela sin esfuerzo que nuestro Gobernador conoce cada vez más el terreno en el que está metido; que -por fin- hace esfuerzos para medir cada vez más y mejor sus palabras, y que no parece tan dispuesto como antes a dejarse llevar por ese carácter tan impulsivo, propio de un político urgido a veces por las prisas de la gestión y otras veces perturbado por las emociones superficiales de una campaña electoral.

Una muestra de ello es la siguiente frase: “los jóvenes deben prepararse para vivir en la época de expansión económica más grande de Argentina en su historia; es inevitable que eso suceda en un mundo que se está reestructurando con una nueva organización mundial”.

Por supuesto que la "inevitabilidad" de la expansión económica argentina es una cuestión bastante opinable, pero hay que reconocer que -aun fuera de su contexto- la frase en sí misma revela una cierta madurez y un esfuerzo inédito por aproximarse a las cuestiones que de verdad interesan a los salteños.

Si alguna crítica formal se puede hacer a esta exhortación del Gobernador es que la misma ha sido dirigida a un auditorio de jóvenes que aspiran a ser empresarios o que ya lo son, y no a los cientos de miles de jóvenes salteños que no tienen ni tendrán más remedio que ser asalariados durante toda su vida, o a los miles que, aun queriendo tenerlo, no podrán conseguir un empleo durante mucho tiempo.

Está muy claro que los primeros deben preparse para una súbita expansión económica, pues ellos, como buenos emprendedores, no solo serán los motores del crecimiento que se anuncia sino también sus principales beneficiarios. Pero ¿y los segundos? ¿qué lugar ocupan ellos en las bienaventuranzas anunciadas por Urtubey?

Para hablar del futuro

Desde un punto de vista estrictamente político, siempre es deseable que un Gobernador se anime a trazar las líneas del futuro de sus comprovincianos. Hay que reconocer que el discurso del "futuro con inclusión" estaba ya un poco recalentado, en buena medida porque mucha gente se ha dado cuenta ya de que el modelo de inclusión social que promueve Urtubey no solo es poco eficiente sino que es difícilmente sostenible, por razones económicas y medioambientales.

Hablar sobre el futuro es fácil, incluso para un político limitado como Urtubey. Hacerlo con eficacia requiere, al menos, de lo siguiente: 1) un mínimo sentido de la responsabilidad; 2) una visión clara del mundo que nos rodea.

El sentido de la responsabilidad impone la moderación del optimismo o, si se quiere, un llamado a la humildad. Porque aun frente a las expectativas de un fuerte crecimiento económico, el deber de un líder político es preparar a los suyos para enfrentar las dificultades y no para recibir con los brazos abiertos el maná que cae del cielo.

El exagerado optimismo de Urtubey contrasta nítidamente con la actitud más cautelosa de los políticos del mundo avanzado que están convencidos de que las sociedades, en vez de confiar en el crecimiento infinito, deben desarrollar "resiliencia", esto es, una capacidad especial para absorber impactos y reorganizarse mientras se está cambiando.

La visión clara del mundo que nos rodea aconseja, por su parte, desmitificar el crecimiento económico, pues ha quedado demostrado que la expansión de la riqueza -aun la sostenida- no provoca necesariamente cohesión social y se traduce a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles. El crecimiento del que habla Urtubey facilita el agotamiento de recursos escasos, fractura la solidaridad intergeneracional y nos coloca en el marco de un modo de vida esclavo, oculto detrás de la promesa de que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir.

Lo que el discurso no ha dicho

El Gobernador de Salta ha llamado a estar preparados para una expansión económica "sin precedentes" en la historia argentina, pero no ha dicho cuánto tiempo durará este proceso ni con qué herramientas nos defenderemos los salteños cuando el crecimiento se detenga y sobrevenga lo inevitable.

Tampoco ha dicho el Gobernador si la Provincia de Salta se inventará un capitalismo particular, porque si el crecimiento económico "sin precedentes" llega a producirse en el contexto del actual modelo económico, no podremos ignorar de ningún modo que el sistema ha demostrado que es incapaz de resolver los problemas vitales de la mayoría de los habitantes del planeta, y que, además, solo tiene éxito en la medida en que se desplieguen unos procedimientos de agresión contra la naturaleza que ponen en peligro la vida de la especie humana y de las demás especies.

A la vista del estilo de vida que está propiciando el sostenido crecimiento económico de la Argentina en los últimos años, parece claro que la convocatoria de Urtubey encierra un mensaje diabólico: el de que vamos a ser más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes seamos capaces de consumir.

En apretada síntesis, que el gobernador Urtubey nos está convocando a los salteños a emplear nuestras energías y recursos para consolidar un modelo de crecimiento económico cuestionado hipercríticamente, no solo desde posiciones ideológicas, sino por proposiciones teóricas cada vez más aceptadas y acertadas. Que el Gobernador de Salta es partidario de una cultura del dinero, en la que aumente el consumo y decrezca proporcionalmente la vida social y descienda nuestra calidad de vida.

Urtubey, finalmente, nos invita a un escenario en el que el Estado se reserva el papel de gran árbitro de la asignación de los recursos escasos, y en el que el poder político, frente a la amenaza de las grandes crisis (el pico del petróleo, el cambio climático y la superpoblación), nos asegura que la escasez que se avecina se solucionará implantando lo que Carlos Taibo -uno de los grandes teóricos del decrecimiento- llama "darwinismo social militarizado", esto es, soluciones violentas para preservar aquellos recursos escasos en provecho de una escueta minoría de la población.