La sociedad salteña ha experimentado cambios notables durante la última década. Cambios que no solamente afectan a su estructura económica sino que abarcan importantes aspectos de su organización social. El surgimiento y consolidación de numerosas organizaciones no gubernamentales y de grupos single issue, ha modificado sustancialmente un panorama caracterizado, hasta hace poco, por una manifiesta debilidad del tejido social y una conciencia más bien difusa de los derechos fundamentales de las personas.
Por haber, en Salta hay ahora grupos y organizaciones para cualquier fenómeno social conocido. Los hay que defienden los derechos de animales, los de los niños, los de las personas mayores; hay grupos que enarbolan la bandera de la diversidad sexual, otros que se esfuerzan por mejorar la vida de los enfermos mentales, muchos que luchan contra la discriminación que sufren las personas con discapacidad, y así un largo y saludable etcétera.
Pero como nunca llueve a gusto de todos, en Salta son pocos -por no decir inexistentes- los grupos organizados que reivindican el pluralismo político y la diversidad religiosa; pues -ya se sabe- con la política y la religión mejor no meterse.
No es solo la existencia de estos grupos lo que ha hecho madurar a la sociedad salteña y lo que ha reforzado su entramado. Hay que reconocer que, en la mayoría de los casos, se trata de grupos sensibles y al mismo tiempo muy activos, es decir, dispuestos a y capaces de reaccionar con celeridad y acierto frente a las injusticias y el avasallamiento de los derechos de ciertas minorías.
El crimen de las turistas francesas
Sin embargo, el asesinato de las dos jóvenes turistas francesas nos ha devuelto a la realidad de antaño, ha puesto en entredicho nuestros progresos sociales y desnudado toda la endeblez de nuestro verdadero tejido comunitario.Es del caso preguntarse por la Delegada en Salta del INADI, por la Comisión de la Mujer de la UNSa, por la directiva del Colegio de Psicólogos de Salta, por la Oficina de Violencia Familiar del Poder Judicial, por la Secretaria de Derechos Humanos del gobierno, por la Directora de Militancia y Acción Social de Base de la Municipalidad y por tantas otras instituciones, organizaciones y personas que se dedican, con mayor o menor acierto, a defender los derechos de la mujer, pero que generalmente suelen reaccionar frente a hechos singularmente graves como los feminicidios. ¿Qué ha sido de ellas? ¿Por qué han guardado silencio frente a estos crímenes tan repugnantes?
Probablemente, nuestras activistas han hecho su propio mapa de la situación y advertido que las francesas asesinadas no eran "militantes" del campo de lo nacional y popular, que no fueron apaleadas por la "policía represora"; que no solo eran extranjeras, sino también burguesas, pudientes, jóvenes y bellas, nativas de un país opresor e imperialista perteneciente a la Europa decadente; que probablemente eran miembros de la tibia, crepuscular y claudicante socialdemocracia o, quizá peor, valedoras de ese halcón de la derecha conservadora que es el presidente Sarkozy.
Es lamentable pero es cierto: En Salta ha habido, desde el crimen, más reacciones contra la persecución social de los "lugareños" (sospechosos solo por ser pobres), o contra la estigmatización y sospecha de los "hijos del poder", que contra el propio crimen.
La ideología ha conseguido imponerse en Salta a la conciencia humanitaria. Y ello solo puede ser consecuencia de una sola cosa: del uso sesgado y retrospectivo de los Derechos Humanos y de su empleo como instrumento de revancha ideológica.
Es hora de que la señora Presidente de la Nación envíe al norte del país una flota de enormes camiones frigoríficos con una leyenda que diga: "Derechos Humanos para todos". A ver si repartiendo equitativamente el producto conseguimos liberarlo de las garras que lo mantienen cautivo para fines que poco tienen que ver con la defensa de la conciencia humanitaria universal.
Porque, la verdad sea dicha, no solo de pescado vive el hombre.