'El hombre de ley' pierde fuelle en Salta

Pablo Kosiner, hombre de leyLa tragedia ha golpeado a Salta y la política apenas si ha acusado el golpe. El Gobernador, la máxima autoridad de la Provincia, despachó en cuestión de minutos una conferencia de prensa que muchos medios habían calificado como "crítica y trascendental", provocando con ello que los periodistas presentes, sumidos en la perplejidad, se marcharan del lugar con dos palmos de narices.

Desconcertados -especialmente en el momento en que el gobernador Urtubey comenzó a tironear para un lado y para el otro el parte de prensa policial, al que elevó súbitamente a la categoría de "palabra sagrada"- los presentes se miraron unos a otros y se preguntaron en voz baja qué fue de la vida del "hombre de ley", el Ministro de Gobierno, Seguridad y Derechos Humanos, Pablo Kosiner, desaparecido política y mediáticamente en el mismo ojo del huracán de la crisis.

Otros, más preocupados por las formas institucionales que por los fondos políticos, se preguntaban sin embargo por qué razón el Gobernador encaró la rueda de prensa de la forma en que lo hizo, es decir, olvidándose de que el manual indica que lo primero que debe hacer un político de cierta talla es condenar firmemente los hechos y, lo segundo, expresar sus condolencias a los familiares de las víctimas y a las autoridades del país de procedencia.

Muchos esperaban que el Gobernador dijera "lamentamos que en Salta haya pasado una cosa como esta", pero el mandatario se despachó con un "estas cosas no pasan acá en Salta", cuando era más que evidente que habían pasado y era poco lo que se podía hacer para evitar que Salta quedara a la altura de un territorio en donde impera, no la ley del señor Kosiner, sino la de la selva.

Tal vez falló el protocolo o la comunicación interna en este punto, pero ni el ministro ausente ni su jefe acertaron a planificar en la reunión previa del gabinete de crisis una estrategia de comunicación efectiva, clara y consistente que, por encima de la crudeza de los hechos y de sus aristas más desagradables, permitiera conocer la valoración política del gobierno, el sentimiento de sus funcionarios y el del pueblo de Salta acerca de tan lamentable suceso.

Para muchos, el Gobernador agotó su comparecencia en un intento casi desesperado de echarle un capote a su ministro, demostrando urbi et orbi que su funcionario y candidato estrella estaba visiblemente necesitado de tal ayuda.

Lo hizo sin embargo utilizando un argumento muy poco elegante: el de que el crimen en los espacios privados no es algo que las autoridades -especialmente su ministro, que ni siquiera acudió al lugar de los hechos- puedan llegar a prevenir.

Inmediatamente, algunos se encargaron de recordar que el señor Kosiner había prometido formalmente a comienzos de año (no como candidato sino como Ministro) incrementar la seguridad en San Lorenzo, elevando el rango de la repartición policial que allí funciona y poniendo en marcha un sistema de vídeovigilancia. Ninguna de estas promesas fue cumplida.

Según algunos de los presentes, en un cierto momento de la exposición del Gobernador planeó sobre la sala gubernamental de conferencias el fantasma errante del dimitido Ministro de Gobierno de la Provincia de Jujuy, obligado a dejar su cargo por los desgraciados sucesos de Ledesma, que se cobraron tres víctimas mortales.

Rápidamente el Gobernador se encargó de espantar al fantasma, asegurando que su Ministro, su Secretario de Seguridad y su Jefe de Policía se mantendrán firmes en sus cargos así caigan chuzos de punta, lo cual debe interpretarse, en el caso del Ministro, que se mantendrá firme en su doble calidad de funcionario en ejercicio (y mando de tropa) y de candidato a diputado nacional en campaña.

El Gobernador no ha tenido tiempo ni ganas de reconocerlo y los periodistas tampoco acertaron a plantearlo, pero todos en la sala -incluido el propio Gobernador- sabían, sin siquiera tener la necesidad de mirarse, que el globo aerostático del "hombre de ley", quizá demasiado inflado, quizá prematuramente alto, ha comenzado a perder sustentación.