Cualquiera que alguna vez haya tomado en Salta el colectivo 3A, desde el antiguo Matadero Municipal hasta el Grand Bourg, y que en París haya hecho lo mismo con el bus 30, entre Gare de l'Est y Trocadéro, es capaz de apreciar la sutil diferencia de calidad y seguridad entre uno y otro servicio. Es cierto que Salta todavía no se puede comparar con París, ni en la calidad del transporte público ni en muchas otras cosas, pero hay un detalle que llama la atención: A partir del primer día del año, a un salteño le costará subirse al ómnibus casi lo mismo que le cuesta a un parisino hacer lo propio en cualquier parada de la ciudad luz.
En términos absolutos, el boleto de ómnibus en Salta (0,36 euros) sigue siendo más barato que en París (1,70), pero éste es un dato engañoso, porque con solo trabajar una hora, percibiendo el salario mínimo (SMIC), un parisino puede comprar 5,29 boletos de ómnibus, mientras que un salteño, con una hora de trabajo y cobrando el salario mínimo nacional, podría comprar, a partir del 2 de enero próximo, 5,41 boletos.
En términos relativos, y siempre teniendo en cuenta el salario mínimo, el precio del boleto de ómnibus urbano representa para un parisino el 0,125% de su salario, mientras que para un salteño ese porcentaje es cercano al 0,09%.
La razón es que mientras el salario mínimo argentino es de 2.300 pesos mensuales (unos 410 euros), el francés es de 1.365 euros mensuales (unos 7.644 pesos); pero la gran diferencia estriba en que los franceses que cobran el SMIC perciben esa cantidad trabajando solo 151,67 horas al mes, mientras que los salteños normalmente superamos las 200 horas mensuales de trabajo. Este dato indica que los salteños debemos hacer un esfuerzo sustantivamente mayor que los parisinos para comprar un boleto de ómnibus.
La pregunta es obvia: ¿Por qué los salteños no podemos entonces viajar en ómnibus con la comodidad, limpieza, tranquilidad y seguridad con que lo hacen los parisinos?
No hay una respuesta clara y contundente para este interrogante, pero una cosa es cierta: Mientras siga esta bendida política de inclusión, más nos acercaremos a los países avanzados, pero en los precios que pagamos, no en los servicios que recibimos.